Plutarco E. Calles
Reformar desde el origen
Reformar desde el origen
Enrique Krauze
Elías
no era sólo un apellido en el estado de Sonora: era la divisa de un gran
dinastía terrateniente que en sus múltiples ramas llegaría a poseer 250 mil
hectáreas y a fundar otros troncos, no menos ilustres y poderosos: los
Pesqueira y los Salido.
El
padre fundador, Francisco Elías Gonzáles de Zayas, oriundo de La Rioja, España,
había llegado a finales del XVIII y se había dedicado con gran éxito a la
minería en Alamos y Arizpe. Su único hijo, José Francisco, recibió en herencia
el amplio valle de San Pedro Palominas, que permaneció en abandono durante la
primera mitad del siglo XIX, hasta que paso a manos de su bisnieto, el coronel
liberal José Juan Elías Pérez.
Los
tiempos, sin embargo, no eran propicios para hacer fructificar aquellas 30 mil
hectáreas y otras haciendas de menores propiedades de la familia. El coronel
Elías, que en 1857 se había destacado en la batalla contra el filibustero
norteamericano Henry A. Crabb, muere en 1865 tras un combate contra las fuerzas
imperialistas de Maximiliano. Su esposa, Bernardina Lucero, quedaría a cargo de
ocho pequeños hijos.
A
partir de la muerte del coronel, la familia Elías Lucero enfrenta épocas
difíciles. Plutarco el hijo mayor, de apenas 16 años, estudia leyes y hace una
modesta carrera política, primero, en 1872 como diputado al Congreso local por
el distrito de Ures, dos años después como perfecto de Guaymas y empezando a
conocer la zona del comercio.
Pero
su verdadera ocupación abrumadora, es la de albacea de una herencia familiar
mermada día con día por la desatención, los ataques apaches y el abigeato.
En
1882, luego de desprenderse del rancho de San Rafael del Valle, la familia
Elías Lucero poseía aun 34 mil hectáreas en San Pedro Palominas y otras 30 mil
divididas en varias haciendas, pero la Ley de Baldíos del año siguiente vuelve
a mermar su patrimonio: solo entre 1883 y 1884 pierde más de 20 mil hectáreas
por inactividad. Al terminar el siglo, la Cananea Copper Co., la enorme empresa
del coronel Greene, completa el desmembramiento comprando buena parte de San
Pedro Palominas.
Para
septiembre de 1911, en Agua Prieta, sin abandonar su nueva comercio –pequeño
almacén en el que había de todo: maquinaria, abarrotes, vinos- el maestro
Calles estrena profesión: el gobernador, José María Maytorena, lo nombra
comisario.
A su ya respetable aunque no muy fructífera experiencia
de empresario, presario y labriego se aunaba ahora un trabajo de control
político y hasta policiaco, parecido al de los famosos sheriffs de Arizona. La responsabilidad principal del Viejo como sus amigos les decían, era
mantener el orden y administrar la justicia y la sede de la comisaría, crea un
salón escolar y mantiene a raya algunas rebeldes. Los cónsules del gobierno
maderista en Douglas y Laredo lo acusan ante Maytorena de conspirar contra el
régimen; pero Maytorena, que lo sabe enérgico, disciplinado y de una pieza, lo
apoya. Su comportamiento durante la rebelión orozquista le da la razón.
El
mismo día en que tomo posesión de la gubernatura de Sonora, Calles dio a
conocer su amplio Programa de Gobierno, prueba de que había aprovechado todos
los resquicios de inactividad para pensar en la “revolución de ideales y las
reformas hacia el progreso” que hora presentaba al pueblo. Después de asegurar
que respetaría las garantías individuales y las libertades políticas –guiño al
primer Jefe– adelantaba sus proyectos. Como el buen profesor que en el fondo
seguía siendo, reformaría antes que nada la instrucción
pública, abriendo escuelas en todos los lugares con más de 500 habitantes,
obligando a las compañías mineras o industriales a instalar escuelas e
instaurando, por su parte, un sistemas de becas, bibliotecas, gabinetes,
escuelas, escuelas normales y de adultos, etc…Como buen comisario que había
sido, reformaría la justicia,
promoviendo una nueva legislatura y penal.
Plutarco
Elías Calles fue secretario de Gobernación
durante casi todo el periodo presidencial de Álvaro Obregón. Su
temperamento era casi el opuesto al de su jefe. Este es expansivo, jovial,
intuitivo, nervioso, sanguíneo, contradictorio; aquel, por el contrario,
introvertido, serio, reflexivo, aplomado, racional, congruente. Su gruesa voz
inspiraba respeto. Es y parece fuerte, ecuánime e inflexible.
A
veces sonreía, pero casi nunca reía. Su cara, como razón, es simétrica. Hasta
el furibundo Bulnes se pliega ante su catadura: “El general Calles tiene buen
físico de dictador (…) su carácter es de dominador de fieras y pisoteador de
sapos (…)” El encargado de la legación francesa en México escribe: “Es realista frio de espirito claro y voluntad firme”. Por
momento su ceño adopta un aire casi siniestro. Un contemporáneo suyo hace esta
descripción:
“Es hombre corpulento, ancho de hombros
y de actitud sombría. Bien podría uno
decir: he ahí un bloque de granito humano. Su cara es dura, ajada, de rasgos
agresivos; mascara de bronce que raramente se relaja. Sus ojos son pequeños,
hundidos y sin expresión. Su pelo negro ya tiene toques de gris y su bigote
recortado parece fuera de lugar en una cara tan severa.”
En el frente externo, sobre todo en la relación
con los Estados Unidos, Calles dio la espalda a los tratados de Bucareli e
intento oler a las posesiones de Carranza, que no eran que el apego a la
Constitución. En la cámara se discuten varios proyectos reglamentarios sobre
petróleo. El más radical se debe a Morones, zar de la CROM, e incluyéndose
ministro de industrias, Comercio y Trabajo; el más suave lo patrocinaba Pani,
ministro de Hacienda y Aerón Sáenz, Secretario de Relaciones. Las compañías
petroleras se oponen a cualquier de ellos, pero temen que se expida el primero.
El embajador norteamericano, un halcón apellidado Sheffield, es aún más
pesimista: cree que México será, o es ya, el segundo país bolchevique de la
tierra: Soviet México. El 12 de junio de 1925 Kellog lanza la primera amenaza.
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